Límites. Barreras. Fronteras.
La dificultad en reconocer el descenso en caída libre requiere un esfuerzo, me atrevería a decir sobrehumano. La caída no es aterradora, sientes que vuelas, así que bien ¿Cómo se supone que puedas notar la diferencia entre "bueno o malo"? no es hasta que te estrellas en el concreto que es más que obvio, tarde pero obvio.
Una vez dispersas las piezas no queda más que recolectarlas y poner todo en su lugar, seguir adelante una vez más, en principio no parece más que una tarea simplemente agobiante, agotadora y devastadora, pero con cada día que pasa (Claro esta labor lleva meses, quizás hasta años) se va transformando en una aventura. De las cenizas puedes empezar de cero, tomar lo que quieras, es una oportunidad más, otro chance para ser quién deseas ser, no lo que los demás esperan y exigen, es más tienes la oportunidad de literalmente, disculpándome de antemano por el vocabulario, mandarlos al carajo... Bueno no a todos, sólo a aquellos que más que apoyo son un obstáculo pesado y obstinado en tu camino, un desagradable e innecesario peso muerto en tu espalda. Una vez logras ponerte en pie y ser medianamente funcional la sensación de saberte capaz no tiene comparación.
Nunca he creído mucho en ese refrán popular de "No hay mal que por bien no venga" pero si creo que sin la oscuridad de la noche no podríamos ver las estrellas, ni jamás seríamos capaces de admirar la belleza de la luna en todo su esplendor con su tímida luz. Un hermoso cielo azul con un sol resplandeciente no es despreciado, pero quién honestamente podría mirar directamente al astro mayor sin quedar ciego, interesante analogía pero tan acertada. Si todo saliera como lo tenemos planteado, si nunca tropezáramos tendríamos nuestra visión, nuestra perspectiva distorsionada... Estaríamos probablemente ciegos.
Es tan asombrosa la capacidad que tenemos algunos, colocándome de primera en esa lista, para dejar nuestros sueños, ambiciones y esperanzas en una repisa empolvándose, dejándolos abandonados en el olvido, distraídos en cualquier tontería. Es encantador, divertido y a la vez preocupante la habilidad con la que no queremos entender que si lo que realmente somos no lo llevamos bajo la piel no lograremos nada... Siempre es más sencillo huir, no afrontar ni aceptarlo, ser otro, perdernos en mentiras y promesas falsas no requiere pensar, no exige ningún esfuerzo pero ¿Qué vida puede llamarse así sin nada por lo que luchar, por lo que abrir los ojos cada mañana ni por lo que anhelar un nuevo día? No existe, sería una mentira atroz y un insulto desperdiciar la existencia así. No tiene sentido, ni pies ni cabeza. Abrir los ojos, dolorosamente hermoso, duro despertar para admirar la belleza incomparable de la verdad.
